Amigos de nuevo

 Lamento, viejo, haberte negado en todos estos años. Creo en lo que está allá arriba*, porque creo en el amor, y esto lo aprendí de vos. Por eso, cada vez que te negaba, sentía que era un romano que pasaba y te escupía.

cristo en el cielo, y su madre No va a ser como antes, pues no puedo leer el Libro como antes y tampoco santigüarme, como piden algunos, ante otras creencias como antes. Pero, lo que importa está, ¿no?

  Y gracias, y esto te lo digo con lágrimas a tus pies, por dárnosla en la Cruz.

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 *Todavía no me sale usar la palabra Dios y no quiero imponerme a usarla. Supongo que con el tiempo.

  Cuando escribía lo del amor, había algo que me faltaba. Yo creía en algo más. Leyendo luego unos comentarios sobre San Juan, leo que su evangelio es el evangelio de “la luz y el amor”. Claro, ¡era la luz! ¡Jesús es Luz! Creo en la luz, amo sus manifestaciones, como la luna, que me ha dado lumbre en estos años, y amo lo que pobremente puedo imaginar y concebir que es la sonrisa de María. ¡Cuánto quisiera poder compartir esta exclamación de Santa Teresita de Lisieux, que tuvo cuando niña!

“¡La Santísima Virgen, pensé, me ha sonreído! ¡Qué feliz soy!”

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