María Kannon y nosotros, los «marianos»

 Como devoto mariano y lector ocasional de webs y foros cristianos encontrar agresiones hacia los católicos por parte de personas de otras confesiones me entristece bastante. No lo merecemos ¿Tan difícil es dejarnos en paz y «confiarnos» a Dios?

 Pero sobre todo el destrato me entristece por nuestra historia, por aquellos cristianos que siglos antes de que asomara el Protestantismo dieron testimonio por María. Y en tiempos ya de Protestantismo, por aquellos cristianos que no tuvieron otro evangelio que el enseñado por los misioneros católicos, como ser los japoneses del siglo XVII, que fueron brutalmente perseguidos y silenciados por los Tokugawa.

 Es muy bella, y triste, la historia de estos japoneses, que para conservar la fe cristiana tuvieron que recurrir a estatuas budistas dedicadas a Kannon, la bodhisattva de la «compasión infinita» que aparece representada con un niño en brazos y que en China es conocida como Quan Yin, para a través de ella orar en secreto a la Virgen y al Niño. Estas estatuas son conocidas como «María Kannon». Como alguna sabrá, soy amante de la cultura japonesa, así que no saben mi alegría cuando leí sobre «María Kannon».

 Los descendientes de estos cristianos, con la reapertura de Japón al mundo doscientos años después, fueron encontrados por misioneros franceses. La historia no es menos bella que la de «María Kannon» y animo a leerla de esta página. Solo me contentaré con contarles que emocioné mucho con aquel grupo de mujeres que se acercaron a un sacerdote y preguntaron por «María-Sama». Se oye hermoso.

 Y ahora retomo lo del principio. Por respeto a toda una historia cristiana con María, por la vida de miles y miles de cristianos que la han amado, creo que sería bueno que en relación a la Virgen aquellos no católicos que no comparten nuestro amor por María nos dejaran a la «buena de Dios». Y no, por favor, no con «la Biblia dice esto o no dice aquello». ¿Creen que una interpretación teológica nos hará renunciar a la Madre que nos dio Jesús? ¿Es que la historia de los japoneses y María Kannon no les dice nada? Renegar de María nos llevaría a traicionar la memoria de nuestros hermanos que nos han dejado testimonio de su amor por Ella y de que con Ella pudieron permanecer en Jesús. Sería renunciar a la antiquísima oración mariana hallada en catacumbas del siglo III, sería renunciar al Protoevangelio de Santiago, sería renunciar a Guadalupe, sería renunciar al Rosario, sería renunciar a siglos de arte mariano; sería, en definitiva, renunciar al «he ahí tu madre», sería renunciar a tanto. Por esto, si un evangélico buenamente me quisiera predicar de «su» Jesús le diría: «¿sabes de los japoneses y María Kannon?»

 

 

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