¿Soy cristiano?

 Van a hacer dos años de mi regreso a Jesús por María. Poco ha cambiado mi vida; sigo siendo la persona infantilmente confinada a sí misma de siempre, pero con la alegría de tenerlos a ellos, de poder poner una imagen al pie de mi ventana de Jesús con los niños y de imaginar que soy alguno de esos niños, o bien de recurrir a un ícono de la Theotokos con el Niño y dejar que mi imaginación se abandone como quiera.

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A Jesús por María

 Una cuestión que me ha llamado la atención desde que he vuelto a Cristo, es que algunos católicos, no hablemos ya de otras confesiones, encuentran desmedida la devoción a María. Dicen que no se justifica que busquemos su amparo cuando todo consuelo nos lo brinda Cristo y que el mismo Jesús nos ha enseñado que Él es el Camino a Dios.

 Esta es una objeción que en los últimos meses, en alguna ocasión, he llegado a compartir.

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El Caminito

 Leía hace unos días de Santa Teresita de Lisieux, de su vida y de su camino de abandono en Jesús. Me entusiasmó mucho. ¿Por qué nunca supe de su “Caminito”?

santa teresita de lisieux

 De adolescente, cuando tuve un fuerte fervor por Dios, solía abatirme ante lo duro de la senda estrecha; como no tenía más guía que las lecturas en solitario de la Biblia, pasajes como el de entregar todo a los pobres y andar con lo puesto me doblegaban grandemente el ánimo. Recuerdo una situación graciosa con el Apocalípsis. Lo había leído y no había entendido nada; a los días, veo en la tele a un cura que dice que para entender el Apocalípsis se precisaba no sé si de santidad o del Espíritu Santo. Fue escuchar eso para que me dijera, con el ánimo por los suelos: “ya está, estoy en el Infierno. No entendí el Apocalipsis, estoy condenado”. Y mejor no cuento lo que me pregunté (por suerte no pasó de una pregunta) cuando leí de San Pablo —si no me equivoco— acerca de los incircunsisos, ja.

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Amigos de nuevo

 Lamento, viejo, haberte negado en todos estos años. Creo en lo que está allá arriba*, porque creo en el amor, y esto lo aprendí de vos. Por eso, cada vez que te negaba, sentía que era un romano que pasaba y te escupía.

cristo en el cielo, y su madre No va a ser como antes, pues no puedo leer el Libro como antes y tampoco santigüarme, como piden algunos, ante otras creencias como antes. Pero, lo que importa está, ¿no?

  Y gracias, y esto te lo digo con lágrimas a tus pies, por dárnosla en la Cruz.

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 *Todavía no me sale usar la palabra Dios y no quiero imponerme a usarla. Supongo que con el tiempo.

  Cuando escribía lo del amor, había algo que me faltaba. Yo creía en algo más. Leyendo luego unos comentarios sobre San Juan, leo que su evangelio es el evangelio de “la luz y el amor”. Claro, ¡era la luz! ¡Jesús es Luz! Creo en la luz, amo sus manifestaciones, como la luna, que me ha dado lumbre en estos años, y amo lo que pobremente puedo imaginar y concebir que es la sonrisa de María. ¡Cuánto quisiera poder compartir esta exclamación de Santa Teresita de Lisieux, que tuvo cuando niña!

“¡La Santísima Virgen, pensé, me ha sonreído! ¡Qué feliz soy!”